Cómo cuidar tus pies si eres corredor

  • 11 de septiembre 2020

Un corredor que completa un maratón en un tiempo de tres horas puede llegar a sumar más de 41.000 impactos en cada pie. En cada zancada nuestros pies soportan varias veces el peso de nuestro cuerpo, convirtiéndose en una de las estructuras del organismo que más sufren con el impacto. A menudo no prestamos la suficiente atención a su cuidado, y olvidamos que los pies necesitan también sus “mimos” igual que las articulaciones o los grandes grupos musculares implicados en la carrera. ¿Acaso nunca has sufrido en tus entrenamientos o competiciones una ampolla, rozadura o dureza que han terminado por amargarte el día?

Cuidar de tus pies es realmente sencillo. Lo primero que debemos hacer es elegir un buen calzado, una zapatilla acorde a nuestra biomecánica y características, y fijarnos más en sus prestaciones que en su estética. También debemos acostumbrarnos a secarnos los pies a conciencia cuando salgamos de la ducha, y no ponernos los calcetines si todavía están húmedos. Por último, elegir un terreno adecuado para correr: apuesta por superficies naturales, como caminos de arena (compacta), o senderos en buen estado.

Si aun así eres propenso a sufrir lesiones en los pies, toma nota sobre cómo debes tratar las principales molestias de los corredores.

Ampollas

Una ampolla es una reacción de nuestra piel a un mal calzado o a una fricción en la planta del pie al caminar o correr, aunque su aparición depende de muchos factores. Los atletas con los pies más sudorosos deben tener especial precaución, sobre todo en los meses de mayor calor del año, pues la temperatura es un factor muy influyente. Cuando la ampolla aparece con algo de sangre es porque se han visto afectadas más capas de la piel.

Para tratar una ampolla debemos coger un alfiler limpio, desinfectarlo con un producto adecuado y pinchar la ampolla con cuidado hasta que se expulse todo el líquido. Debemos hacer una perforación pequeña, una incisión que permita la salida de la pus. Cuando salga todo el líquido no debemos arrancar la piel, sino dejarla para ayudar a la cicatrización.

Durezas

Se producen por la acumulación de capas de piel muertas. Si no utilizamos unas zapatillas adecuadas, tarde o temprano sufriremos esta lesión. Las zonas más sensibles son las que intervienen en el apoyo de nuestra zancada, es decir, el talón y la zona de los metatarsos.

Las durezas suelen acompañarnos a lo largo de nuestra vida y son realmente difíciles de tratar, por lo que recomendamos acudir a un especialista o podólogo profesional. Si bien es cierto que hay multitud de métodos caseros, lo más probable es que nos provoquemos fisuras a nosotros mismos.

Uñeros

Es la patología más frecuente entre los aficionados a las carreras de montaña debido a la superficie y el terreno irregular. En las bajadas los dedos se abalanzan hacia la parte delantera de la zapatilla, ejerciendo presión y perdiendo el espacio necesario. En las competiciones de larga distancia es habitual que los participantes acaben sufriendo esta lesión. Por eso es fundamental para los montañeros cortarse bien las uñas cada semana, ni cortas ni largas, en su justa medida, y no dejar piquitos.

Si a pesar de las recomendaciones sufrimos un uñero, solo nos queda cesar unos días nuestra actividad deportiva y esperar. Pero si la uña ya está demasiado metida en la carne y el dolor avanza con los días, acude a un podólogo.

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